El patio estaba tranquilo y a varios les habían caído de repente las horas de viaje, las emociones fuertes, y los sobresaltos que el día les había traído. Wip se tapó con una manta y quedó hecho un ovillo sobre una de las bancas de la glorieta, Brennan por su parte vio mejor ponerse a meditar, pues había descubierto hacía mucho tiempo que era la mejor forma de mantener su cuerpo descansado y su espíritu alimentado.
Ebbeh hizo el intento de dormir en la casa, pero algo lo mantenía alerta y no pudo pegar ojo por un buen rato, hasta que vio a Erik sentarse en la entrada de la casa, usando una vieja mecedora y limpiando su arma. - ¿No dormirás? - preguntó Ebbeh y Erik negó con su cabeza - Dormí demasiado en el carro. Además alguien tiene que quedarse vigilando para cuando regrese Martel. - explicó.
- Como quieras, pero no creo que regrese hoy - dijo Ebbeh, y se apoyó contra la pared, al lado de Erik. Ahí pudo conciliar el sueño.
Chanu se llegó hasta donde Wip estaba recostado junto a su mascota. El perro levantó la cabeza cuando Chanu se sentó en la banca de enfrente y se la acarició, luego se acomodó nuevamente para dormir. Bourbon recorrió el lugar por unos momentos, pero todo parecía tranquilo; luego de eso se sentó junto a Chanu que ya estaba dormido.
El lugar se volvió gris, Wip tanteó las mantas para seguir dormido, pero se dió cuenta que aún con los ojos cerrados podía ver las cosas en su alrededor. - ¿Estoy dormido? - se preguntó y su Espíritu negó - Estoy en el Mundo Espiritual, pero aún estoy vivo ... ¿cómo puede ser? - se incorporó, su Espíritu vibraba emocionado.
Varias almas caminaban apacibles por el lugar: Todo espíritu que pasa al Mundo Espiritual queda vinculado de algún modo al mundo real, como si fuesen parte de la energía del mundo; pero era muy difícil entrar en este mundo sin el conocimiento adecuado. Wip se preguntó si su padre alguna vez había caminado por este mundo. De repente pasaron cerca de él un grupo de mujeres, caminaban lentamente y sus cuerpos maltrechos parecía pesarles demasiado. Quiso hablar con alguna, pero parecía que no entendían el idioma. Todas iban en una misma dirección, y venían desde un mismo lugar. Wip miró hacia el horizonte, solo había una cosa que recordara en esa dirección: La Vieja Mina. - Tengo que avisarles a los demás, si estoy en lo cierto en la Vieja Mina encontraremos a las mujeres -
Hizo un esfuerzo, se concentró y abrió sus ojos en el Mundo Material. Se destapó rápidamente, Chanu todavía dormía pero Brennan había comenzado sus rutinas matutinas. - ¡Sé dónde pueden estar las mujeres! - gritó, y Chanu se llevó el susto de su vida. Wip sonrió por un momento, pero luego caminó hasta donde Brennan entrenaba. - Tuve una visión del Mundo Espiritual y vi un grupo de mujeres que caminaba. Algunas eran del pueblo. Venían de aquella dirección - dijo Wip señalando hacia el noreste. Brennan detuvo su espada con el brazo extendido a la altura de sus ojos; miró al halfling y envainó su arma. - La Vieja Mina - dijeron al unísono junto a Chanu. - Está cerrada desde hace años. Desde aquel derrumbe que acabó con la vida de diez obreros - continuó Brennan. Wip afirmó en silencio.
Chanu fue a buscar a los demás, y no pudo aguantar las ganas de contar las buenas noticias. Por fin tenían una pista clara de dónde podían comenzar a buscar; Martel no había vuelto en toda la noche, asi que decidieron partir lo antes posible.
Salieron por el camino, rumbo al norte, llevándose con ellos el carro que era de Martel. Debían tomar la bifurcación de la montaña después de pasar la vieja Torre de vigilancia de Lomadas Veret. Un camino olvidado desde que cerraron la Vieja Mina, pero que Brennan conocía bastante bien.
- Dijiste que las almas venían caminando desde allá ¿no? - preguntó Erik. - ... miren que más hay en esa dirección. - continuó antes que Wip pudiese responder. Todos vieron la entrada de la granja de los Ferrer. - Seguro ellos son los responsables, según dijo Martel, son de lo peor. - continuó.
- Primero tenemos que averiguar - dijo Ebbeh. Bajó de su caballo y se acercó a la casa. - Buenos Días - gritó y miró hacia todos lados: la casa estaba cerrada y sus ventanas atrancadas con maderas desde el interior, un sonido desparejo y continuo venía desde el patio trasero; más allá un granero de puertas abiertas era lo único que parecía dar señales de alguien habitando el lugar. Ebbeh caminó hacia él, pero se frenó en seco cuando vio un hombre salir de detrás de una extraña máquina. Vestido con ropa de fajina, botas desgastadas, barba despareja, manos y cara sucia de barro u hollín. - ¿¡Qué quiere aquí!? - preguntó oscamente - Esta es propiedad privada - continuó. Ebbeh puso su mejor cara de comerciante - La granja de los Ferrer, espero ... - dijo con una sonrisa despreocupada. El tipo frunció el ceño y no respondió. - Necesito hacerle unas preguntas, señor Ferrer - continuó asumiendo que tenía enfrente a uno de los infames hermanos. - Estamos buscando unas mujeres que desaparecieron del pueblo y hemos preguntado a varios si tienen alguna idea de donde podemos buscar - Ebbeh miró hacia todos lados mientras hablaba, lo único extraño que vio fue esa máquina que no sabía para que era. El hombre no respondió, pero su cara se frunció en un gesto de desagrado. - Oiga!! ¿para qué es esta máquina? - continuó preguntando Ebbeh. El hombre levantó su mano y la movió como ahuyentando un animal - No tengo porqué contestar nada, váyase, antes que deje de ser amable - Dijo e hizo un par de pasos hacia el comerciante.
Ebbeh pudo reconocer una marca en el brazo del hombre. Un círculo con una especie de cola hacia abajo.
Ebbeh, regresó al camino, junto a los demás. Negó con su cabeza - El tipo no dijo nada, y tampoco ví nada extraño, salvo una máquina que tienen detrás de la casa - comentó. - Sigamos hacia la Torre de Lomadas Veret, si tienen algo que ver con todo esto, seguro intentarán detenernos de alguna forma y ese lugar nos servirá para defendernos - dijo Brennan. Continuaron rumbo al norte, les tomaría un par de horas llegar a la torre, y estarían llegando cerca del mediodía.
El camino comenzó a hacerse empinado y las montañas ya estaban cada vez más cercanas. Brennan conocía bien este camino, pues era el único que se podía tomar para salir de la Academia. Cerca del mediodía ya podían ver la torre alzarse en la explanada lateral al camino, derruida por el tiempo y algo demacrada por la última batalla que soportó, pero aún en pie y lista para servir de refugio a los viajeros.
- Hemos llegado. Los caballos y el carro no podrán entrar en la torre, deberemos dejarlos a un lado. - dijo Bourbon. Descendieron de sus monturas, justo delante de la torre, tenía mucha mugre y las hierbas habían ganado terreno sobre los adoquines; la puerta en otrora impoluta, no estaba por ningún sitio, por lo menos cercano.
Erik trepó de unos saltos la escalera de piedra en el centro de la torre, al llegar a la pared escalones de madera continuaban el recorrido en forma de espiral. Había una primera parada de madera a la altura de las almenas bajas de la torre. Los escalones continuaban su recorrido, pero no llegaban a una segunda parada pues habían sido derrumbados hacía mucho tiempo, seguramente por el techo al caer. Erik se apostó mirando por las almenas del sur, podía ver todo el campo desde ahí. Colocó su arma de fuego y pegó su ojo a la mira. Wip subió las escaleras montado en su perro que sin demora se colocó a un lado de Erik. Los demás fueron tomando sus posiciones, como no había puerta que los protegiera, todos subieron por lo menos hasta la primera parada, salvo Bourbon y Ebbeh que llegaron un poco más arriba.
El campo estaba muy tranquilo, pero Erik no apartaba su ojo de la mira, siempre su pulso estable. Era como si esa parte fuese lo que siempre había querido en un trabajo. Todos aprovecharon para almorzar, mientras Erik comió casi pegado a su arma.
- Deberíamos seguir, nadie nos ha seguido - protestó Ebbeh. Brennan negó con la cabeza - si el tipo te trató como contaste y suponiendo que tiene algo que ver con todo esto. Seguro nos intentará atacar - explicó.
Erik vió algo que se movía entre los pastizales. Agudizó la vista y apuntó directamente. Solo vio una rata asomar su carita, oliendo el aire y esconderse luego por donde vino. Pasaron unos minutos y vio varios pastizales moverse al tiempo y de ellos se asomaron varias ratas y ratones de distintas razas. - Esto ya es extraño - dijo casi en voz baja. - ¿Qué es extraño? - preguntó Chanu que había oído claramente la afirmación de Erik. - Las ratas que hay en el campo ... - estaba hablando cuando su mira apuntó el estómago de una enorme rata que era varias veces más grande que las demás. Fue subiendo la mira de a poco, aquella rata ya lo había visto. "Blaamm" el estruendo se escuchó en todo el lugar cuando Erik presionó del gatillo. Todos dieron un salto en el lugar y Ebbeh corrió a la almena cercana. La bala había pegado en el hombro derecho de la rata, pero su piel dura había absorbido casi todo el impacto. Las ratas comenzaron a avanzar por montones, la marabunta trepaba el bordo de tierra como un río marrón en contracorriente. - Ahí vienen. Nos atacan muchas ratas - gritó Ebbeh, mientras hurgaba en su morral en busca de sus viales alquímicos. La primera rata apareció por la puerta y Chanu, presto, la traspasó con una flecha. Le siguieron dos y luego dos más que se asomaban sin pudor por la puerta de la torre.
Ebbeh tomó dos fuegos de alquimista y los arrojó hacia la puerta. Los viales se rompieron estrellados contra el piso de adoquines. Las ratas alcanzadas por el aceite que ardió al contacto con el aire corrían despavoridas de una punta a otra, mientras más fuego las quemaba.
Erik intentó un nuevo disparo, pero la rata fue más veloz y cuando el joven atinó el disparo, esta ya no se encontraba en el mismo lugar. La bala pegó contra un montículo de tierra. Erik maldijo por lo bajo. La enorme rata fue acompañada en ese momento por tres un poco más pequeñas pero igualmente impresionante. - Demonios, no bastando con una cantidad de ratas, ahora nos atacan tres enormes - comentó el joven al ver avanzar hacia la torre a aquellas tres.
En el interior las ratas, suicidas, continuaban intentando atravesar el fuego. Sin éxito, pero los viajeros sabían que ese fuego no duraría mucho encendido. Ebbeh sacó una bota con aceite para lámpara y la arrojó dentro del fuego que se avivó. Las ratas chillaban. - Ahí fueron mis dos litros de aceite - suspiró el mercader.
No pasó mucho tiempo hasta que la primera gran rata apareció en la puerta, husmeando el aire caliente en la base de la torre. Miró todos los rincones buscando un espacio para pasar, pero todo estaba en llamas, hizo un par de saltos y varias ratas la siguieron: algunas no pasaron el primer salto. Una segunda rata enorme entro y siguió a la primera que ya había cruzado la mitad de la sala y estaba a pasos de los primeros escalones de piedra.
Chanu apuntó, estiró el lazo de su arco y una flecha partió rauda hacia la primera gran rata; le interrumpió el último salto cuando la flecha se clavó en las patas traseras y la rata chilló de dolor pues el fuego alcanzó todo su estómago. Brennan se colocó en guardia, con sus pies en distintos escalones. Si alguna alcanzaría a llegar, no pasaría de su marca.
La tercer rata entró por la puerta y aprovechó que el fuego iba disminuyendo, pisando cadáveres de antiguas compañeras, logró llegar hasta el pie de la escalera sin heridas. Wip vio que las tres ratas estaban casi a alcance; concentró su espíritu, extendió sus manos y pidió en voz baja a los Espíritus Elementales que acudieran en su ayuda. Las llamas remolinaron formando un tifón de humo y fuego, dos ojos luminosos se vieron dentro y dos apéndices de fuego se descolgaron del remolino. - ¡Ataca a la que puedas! - gritó el halfling y el remolino se abalanzó sobre la última rata que había entrado.
Brennan hizo un paso adelante, preciso y medido. Un corte limpio quitó la vida de la primer rata. Todas las demás chillaron como si lloraran. Erik no perdía de vista su objetivo, la rata gigantesca se rodeó de aliadas y comenzó a avanzar hacia la torre; el joven supo que esta era la oportunidad para atacar; apuntó hacia la cabeza de la criatura pero su disparo dio en el cuerpo de un ratón que suicida se interpuso en la trayectoria del proyectil. Varias otras ratas cubrieron el cuerpo de su jefe y salió del rango de visión de Erik. Retiró su arma de la almena y se preparó para disparar cuando la rata se asomara por la puerta.
Chanu lanzó una nueva flecha hacia la segunda rata, pero esta saltó hacia la escalera y la flecha revotó con un crujido en los adoquines. Brennan dio un giro sobre sí mismo y su arma cortó desde arriba abajo el aire y alcanzó a su víctima cuando esta saltaba hacia su rostro, un reguero de sangre se estampó en la pared opuesta y la rata cayó inerte a sus pies.
El Espíritu Elemental azotó el lomo de la última rata que quiso escapar del látigo de fuego, pero fue alcanzada por un nuevo ataque. Bourbon se descolgó del segundo piso para caer al lado de la criatura. Su estoque no llegó a alcanzar su objetivo, pero colocó su cuerpo de costado, impetuoso, y la bala que rugió desde el arma de Erik dio directamente en el pecho del roedor. - ¡Aún no cae! - protestó Wip, sostuvo una piedra de cuarzo en su mano derecha y formó un círculo en el aire, algunas palabras dieron forma la figura y un vapor helado congeló el aire. Wip sostuvo la pequeña jabalina de hielo y la lanzó con fuerza hacia la criatura. Impactó de lleno y la hizo caer unos cuantos escalones. Brennan la remató.
Las demás ratas cesaron de ingresar, pero Erik estaba impaciente por ver aparecer a aquella que había escapado de varios de sus disparos.
El fuego disminuyó, pero no había más ratas intentando atacarlos. Aún así, los chillidos fuera de la torre indicaba que estaban rodeados. Bourbon y Ebbeh treparon hasta lo alto de la torre para observar mejor. No lograron ver nada especial.
En ese momento, aquella criatura enorme ingresó por la puerta. Olió el aire, los miró detenidamente por unos segundos y salió nuevamente por donde había entrado.
Pasaron varias horas, y dejaron de escuchar aquel alboroto. Erik salió apuntando con su arma. No había señales de la gran rata, y su séquito. Tampoco estaban los caballos, y las ataduras del carro estaban totalmente comidas, no podrían repararlas.
- Tendremos que buscar los caballos o seguir a pie desde aquí. Esto será demorado - dijo Bourbon pensando lo peor.
Lejos de ahí un hombre corpulento contempla el fuego de una hoguera. - Son más hábiles de lo que creí, hermano - se excusó un segundo hombre. El primero frunció el seño; no era una buena señal, y pensó que debía haber hecho él mismo el trabajo. - Los mataré cuando lleguen, lo prometo - continuó.
El hombre se levantó mientras la mecedora intentaba detener su movimiento. - Esta será tu última oportunidad, lo sabes. No falles, Marco. - puso su mano en el hombro de su hermano y se retiró de la habitación. Marco miró el fuego pensativo, descubrió su antebrazo y observó la extraña cicatriz. Su destino ya estaba dicho.




groso mirkachu
ResponderEliminarGENIAL !!!!
ResponderEliminarMe encanta como va la historia, espero ansiosa la proxima.
Beso
Vero
Good, ta bueno. cuando vas a publicar nuestra historia che ... XD
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