Bourbon caminaba apresurado por las callejas oeste de la ciudad. Subió unas escalinatas y trotó unos pasos por una vereda de madera que rodeaba una taberna. El olor a licores y los cánticos de pueblerinos se sentían incluso llegando el mediodía. Bajó unos peldaños casi llegando al final de la estancia y cruzó a zancadas la calle. El joven Chanu lo seguía a la distancia, sin ser notado.
Sus pasos fueron disminuyendo, miró para todos lados intentando ubicarse, el barrio era complejo y no tenía una organización clara. Bourbon vió la puerta de color Azul con el sello blanco de dos serpientes enlazadas, en una de las casa; esta era la indicada; no muchas personas tendrían los pigmentos para hacer ese color, pero el Curandero Roblos la había hecho traer expresamente de Valeria pues de algún modo sus pacientes debían ubicarse en la caoticidad del barrio. Después de dar mil y una vuelta Bourbon se dirigió directamente hacia la puerta. Llamó golpeando la campana en la entrada. Un minuto después un halfling de extraña apariencia lo atendió, sus cabellos eran aventados, grenchudos y desordenados; y le costaba centrar su mirada, como si hubiese tomado demasiado. - ¿Hola? - dijo al enorme bulto que hacia sombra en la entrada de la casa. - Si viene a atenderse, mi padre no está aquí, vuelva luego - dijo, pero Bourbon lo interrumpió antes que cerrara la puerta. - Vengo a buscarte a tí, Wip. El Comisario quiere que me ayudes a encontrar a las mujeres que han ido a la peregrinación hacia las Tumbas Sin Nombre, y aún no han regresado - hizo una pausa para que el halfling asimile la sentencia - quizás haya alguna herida y necesito de tus habilidades de curador -
Wip demoró unos segundos en acomodar sus ideas - ¿Hacia donde tenemos que buscar? - preguntó luego, y Bourbon no demoró en responder - Se dirigían hacia la zona baja del valle, cerca de las cuevas de los Hombres Lagartos - Wip, reaccionó como un rayo a la respuesta - Cuente conmigo - dijo, y Bourbon se sorprendió del ímpetu. Wip recordó de sus incursiones en las ancianas cavernas buscando aquellos hongos que tan bien hacían a su Espíritu.
En pocos minutos estaban camino hacia la comisaría donde se reunirían con el resto del grupo.
Uno a uno fueron llegando a la comisaría, Erik y Ebbeh estaban en la entrada acomodando los pertrechos, ayudados por Emilde, cuando Wip y Bourbon aparecieron, seguidos por el joven Chanu.
El comisario se paró en la puerta de entrada y miró al grupo. - Gracias por la predisposición, amigos - dijo mirando a cada uno, de verdad estaba agradecido. - Bourbon, si desaparecieron en territorio de Hombres Lagarto, creo que deberías pedir asistencia de tu amigo Brennan, te recomiendo que usen la máquina en rieles para llegar más rápido, sino serían unas 9 horas de viaje a caballo hasta la Academia - continuó.
Bourbon afirmó con la cabeza y partieron hacia la Estación. Ebbeh protestó un poco pues nunca confió demasiado en la Máquina sobre Rieles. Al llegar algunos empleados ya tenían la máquina preparada y subieron sin demoras. Wip hizo saltar su perro de monta, lo siguieron Chanu y Erik. Bourbon quedó esperando a que Ebbeh subiera, pero rehusó bajar de su caballo - yo los seguiré montado - declaró y antes que pudieran decirle algo, se adelantó al transporte.
La máquina muy lentamente comenzó a moverse, al principio tirada por cuatro caballos y luego el motor que echaba humo y vapor por todos lados fué ganando fuerza y el ayudante de maquinista enganchó los caballos en la parte posterior. - Llegaremos a la Estación en unas cuatro horas - dijo el ayudante cuando pasaba por frente de los pasajeros.
El camino era recto y aunque el transporte se movía a la velocidad de un caballo, su ritmo era constante y esto hacía la distancia más fácil de transitar y en menor tiempo. - Menor tiempo, menor tiempo ... - refunfuñó Ebbeh mientras dirigió el caballo hacia las vías. - ... siempre sucede algo que hace la máquina se averíe y terminan todos volviendo a pie - protestó para sí mismo, y fue como si algún genio malvado lo hubiese escuchado, porque unos minutos después vio sobre las vías un montón de piedras que obstruían el paso. Ebbeh, se dio cuenta que los maquinistas quizás no verían el obstáculo y eso sería un desastre. Ebbeh regresó batiendo las manos para lo vieron. Los maquinistas frenaron el aparato, era evidente que la avalancha de rocas y tierra iban a ser difícil de remover.
Bourbon se adelanto a la cabina del maquinista - ¿Que sucedió? ¿ya llegamos? - el ayudante negó con la cabeza - Tenemos un contratiempo, deberán continuar a pie desde aquí. Nos quedaremos a despejar las vías - continuó el maquinista.
Bourbon se encogió de hombros y avisó al resto lo sucedido. Habían hecho casi tres horas de viaje, así que no quedaba mucho para llegar a la Estación, así que decidieron hacer el resto del camino a pie. Había pasado ya el mediodía y algunos fueron comiendo sus raciones mientras andaban.
Al cabo de dos horas, por fin vieron la pequeña estación al final del ramal de vías. Había solo unas cuantas personas, pero ninguna parecía pasajero para la Máquina demorada.
- Yo me quedaré aquí, y veré si consigo alguien que quiera llevarme al bosque de Wide Doors - explicó Emilde a Ebbeh. Este no entendió el porqué, pero no hizo protestas tampoco, ya le había servido de excusa el haberlo traído hasta aquí, y eso era suficiente para él. Lo despidió cortésmente y se adelantó junto a sus otros compañeros.
El camino hacia la academia en ese punto era en subida y la parte baja de la montaña norte. Tenían algo así como tres horas más de viaje hasta la academia a menos que consiguieran alguien que pudiese acercarlos. Continuaron por el camino hasta que entraron a la zona de granjas, el clima era agradable y apacible, con una briza templada peinándoles los cabellos. Los granjeros los miraban pasar, algunos los saludaban y otros se limitaban a observar.
- Deberíamos preguntarle a alguien si nos alquila un carro o caballos - se quejó Erik. Bourbon, miró hacia el interior de una granja; seguramente él había pensado lo mismo. Una mujer barría la entrada de su cabaña. Bourbon se adentró en el terreno y salió a su encuentro un perro de tamaño respetable, su cuerpo cubierto de pelo que le colgaba desparejo. Su ladrido profundo advirtió a la mujer de la llegada de los viajeros. - Castor! - la última letra sonó con acento marcado a la gente del norte, y el perro se detuvo en seco, aunque atento a lo que podría hacer el visitante. - Buenas tardes, necesitamos un transporte o animales para llegar hasta la academia. ¿Sabría decirnos quien puede facilitarnos? - La voz de Bourbon fue acallando mientras iba avanzando hacia la mujer.
- Mi esposo seguro puede facilitarles transporte, puede buscarlo en el establo - respondió con ese acento muy peculiar. - Muchas gracias - respondió sonriente el humano, pues quizás no se esperaba una reacción tan benéfica.
Una joven los observaba por la única ventana de vidrio fijo, desde el interior de la casa. Erik la miró fijamente, quizás ella se percató de esto y se quitó de inmediato. - Je! le impactó mi presencia. Siempre tengo ese efecto en las mujeres - se regocijó. Bourbon lo miró sin decir palabra, pero hizo un gesto a Ebbeh que no pudo contener la risa - Quizás la espantaste - se burló mientras caminaban hacia el establo, pero el joven no se dio por aludido, sabía que él tenía razón.
- Buenas tardes - habló Bourbon en voz alta al entrar en establo. La mezcla de fuertes olores les golpeó la cara, y Ebbeh dudó en hacer un paso más hacia el interior. Erik vio colgado de un clavo en la columna principal un arma de fuego de magnífica hechura, seguramente fabricada por un experto. - Buenas tardes - respondió un hombre que salió del tercer corral, traía consigo un tridente que le sirvió de apoyo en el momento que se detuvo frente a los visitantes. - Mi nombre es Ebbeh, necesitamos un favor de usted - se adelantó el comerciante. - Precisamos llegar a la Academia, y su esposa nos dijo que quizás usted podría facilitarnos de transporte - continuó Bourbon, interrumpiendo el primer diálogo. - Mi nombre es Martel. Por supuesto que los puedo acercar hasta la Academia - respondió sin demora el hombre. - Le pagaremos bien - prosiguió Bourbon, pero el hombre solo sonrió.
- Disculpe, esa arma que tiene colgada ahí ¿usted la creó? ¿puedo verla? - La curiosidad de Erik le pareció genuina, la descolgó y se la alcanzó - Es algo pesada. Y sus balas también - dijo mientras buscaba una bala en el morral y la arrojaba en las manos del joven. - Sorprendente el peso que tiene esto. ¿Funciona bien ... que caza aquí? - mientras apuntaba a algún punto en el horizonte.
- La tengo reservada para los malvados Ferrer, un disparo de esto es suficiente para mantenerlos lejos de mi familia, mi cosecha y mi ganado - su rostro se ensombreció por unos instantes, pero su mirada regresó a la normalidad al mirar al joven que lo observaba detenidamente - Avisaré a mi esposa que voy a llevarlos, tardaré solo unos minutos. Vayan subiendo al carro. - su cuerpo pesado dio unos cuantos trancos hacia su cabaña.
Wip acarició la cabeza de su mascota y le ordenó que suba. El perro dio un salto hacia el carro y se colocó hecho una rosca en el borde. El resto de personas fueron acomodándose mientras subían y esperaron a que Martel regresara.
En el trayecto hacia la Academia, Erik no paró de preguntar al granjero sobre el arma que llevaba consigo, al punto que Ebbeh pidió por favor les dijera, para ver si el joven se dejaba de tantas preguntas. Martel sonrió - La encontré en una vieja tumba olvidada y sin nombre. Cuando pasemos cerca les diré donde es, por si las dudas quieren saber. - explicó. Así lo hizo: tiempo después, cuando iban cruzando un puente de madera en la zona plana a medio camino de la montaña, señaló hacia el barranco y llamó a Erik. - Mira, joven. En aquel barranco se encuentran varias tumbas marcadas, y otras no. En ellas se pueden encontrar más de un arma. Yo tuve la suerte de encontrar la mía y un amigo la reacondicionó para mí. -
Aunque al joven le hubiese gustado hablar más del tema, se conformó con lo que ya sabía, además que el hombre parecía de pocas palabras.
Bourbon revisó los archivos que el Comisario le había dado, estaban todas las descripciones de las personas que habían desaparecido. Todas, menos Erin Berna, la sobrina del Comisario. Esto le llamó mucho la atención a Bourbon y se pasó la tarde pensando en eso.
Evidentemente, el hombre conocía el camino muy bien y esto les ahorró un poco de tiempo. Era ya media tarde cuando el gran edificio de la Academia se alzaba ahora, sostenido casi al borde del acantilado oeste de la montaña.
Martel detuvo el carro frente a la puerta principal, que se abría solo para algunos visitantes y un joven monje salió a recibirlos. Bourbon, se apresuró a presentarse, como si ese protocolo fuese necesario en cada ocasión. El joven lo reconoció y los hizo pasar al primer patio interno.
Brennan había pasado casi todo el día leyendo un antiguo libro de tácticas militares, quizás más antiguo que él mismo, y esto ya tenía sus méritos. Aunque algunas explicaciones eran lineales y muy simples, el libro tenía su encanto y lo había atrapado por horas. No muchas personas venían a este zona de la biblioteca, porque no muchos tampoco tenían permiso para hacerlo.
Al final casi de la página, los golpes continuos en la puerta lo sacó de su concentración. - Disculpe Maestro Brennan, unos hombres vienen a buscarlo, están esperándolo en el primero patio, casi a la entrada - se excusó el joven, que sabía muy bien que no era grato interrumpir al Maestro en sus investigaciones. - ¿Quiénes son y qué desean? - respondió con el acento típico de los elfos altos; en tantos años alejado de su pueblo, aún conservaba el acento. El joven se encogió de hombros y negó con la cabeza. Brennan frunció el seño, su oscura piel resaltó el gesto - No me molestes con estas pequeñeces - la puerta se cerró a centímetros de la nariz del monje.
- El señor Brennan no desea ver a nadie, él no los recibirá. Siento que tuviesen que venir hasta aquí para nada - el joven no sabía como disimular la vergüenza. Bourbon, ya conocía el temperamento del elfo y solo sonrió. - Dile que Bourbon Jacachoury necesita verlo, tengo un pedido especial del Comisario Frederik Berna. Pero le explicaré todo solo a él. Ve, y dile eso - el joven monje no pudo rehusarse, la sonrisa de Bourbon tenía algo que lo hacía muy convincente.
Intentó nuevamente llamar a la puerta, esperando la reprimenda del siglo, pero Brennan abrió como si hubiese sido la primera interrupción en su lectura. El joven con tono tímido pasó el mensaje literalmente. - ¿Porqué no me dijiste esto desde un principio? siempre dando vueltas - tomó su espada, colgó la vaina muy prolijamente, la enfundó y salió por la puerta con paso firme pero grácil al mismo tiempo.
Bourbon lo saludó después de mucho tiempo de no verlo. - Brennan Darkleaf, viejo amigo. Disculpa por interrumpirte en tus investigaciones, pero eres uno de los pocos que tiene una relación establecida con los hombres lagartos, y necesitamos de tu ayuda. - Comenzó el relato Bourbon. Luego presentó a todos sus acompañantes, y fue conciso en el relato de lo sucedido. Mostró los reportes de las personas y comentó que el único que faltaba, era el de la sobrina del Comisario.
A Brennan siempre le gustaron los misterios, aunque prefería las novelas que podía leer en sus horas tempranas, cuando visitaba la Biblioteca Pública de la Academia.
- Voy a ayudarlos, me esperarán a que recoja algunas de mis cosas y me prepare para salir - dijo por fin.
Ya estaba cayendo la noche y el cielo era una mezcla de tonalidades desde naranjas y rojos, hasta azules oscuros, con grandes nubes bañando las zonas ennegrecidas, aunque no podían ocultar la cara resplandeciente de la Luna. Los viajeros partieron rumbo al valle nuevamente, y los más jóvenes se quedaron dormidos en el carro, mientras Bourbon y Brennan se ponían al tanto de noticias.
En la zona de las granjas los sembradíos de trigo se mueven al compás del viento. Pero tres rastros van dividiendo la vegetación, dejando un surco por unos instantes. Las criaturas frenan su marcha, mientras se escucha el canto melodioso y agradable de una mujer dentro de la cabaña. Las criaturas se incorporan dejando pasar su cabeza por sobre las espigas de trigo y sus ojos brillan en oscuridad.
Algo siniestro está a punto de suceder.
Sus pasos fueron disminuyendo, miró para todos lados intentando ubicarse, el barrio era complejo y no tenía una organización clara. Bourbon vió la puerta de color Azul con el sello blanco de dos serpientes enlazadas, en una de las casa; esta era la indicada; no muchas personas tendrían los pigmentos para hacer ese color, pero el Curandero Roblos la había hecho traer expresamente de Valeria pues de algún modo sus pacientes debían ubicarse en la caoticidad del barrio. Después de dar mil y una vuelta Bourbon se dirigió directamente hacia la puerta. Llamó golpeando la campana en la entrada. Un minuto después un halfling de extraña apariencia lo atendió, sus cabellos eran aventados, grenchudos y desordenados; y le costaba centrar su mirada, como si hubiese tomado demasiado. - ¿Hola? - dijo al enorme bulto que hacia sombra en la entrada de la casa. - Si viene a atenderse, mi padre no está aquí, vuelva luego - dijo, pero Bourbon lo interrumpió antes que cerrara la puerta. - Vengo a buscarte a tí, Wip. El Comisario quiere que me ayudes a encontrar a las mujeres que han ido a la peregrinación hacia las Tumbas Sin Nombre, y aún no han regresado - hizo una pausa para que el halfling asimile la sentencia - quizás haya alguna herida y necesito de tus habilidades de curador -
Wip demoró unos segundos en acomodar sus ideas - ¿Hacia donde tenemos que buscar? - preguntó luego, y Bourbon no demoró en responder - Se dirigían hacia la zona baja del valle, cerca de las cuevas de los Hombres Lagartos - Wip, reaccionó como un rayo a la respuesta - Cuente conmigo - dijo, y Bourbon se sorprendió del ímpetu. Wip recordó de sus incursiones en las ancianas cavernas buscando aquellos hongos que tan bien hacían a su Espíritu.
En pocos minutos estaban camino hacia la comisaría donde se reunirían con el resto del grupo.
Uno a uno fueron llegando a la comisaría, Erik y Ebbeh estaban en la entrada acomodando los pertrechos, ayudados por Emilde, cuando Wip y Bourbon aparecieron, seguidos por el joven Chanu.
El comisario se paró en la puerta de entrada y miró al grupo. - Gracias por la predisposición, amigos - dijo mirando a cada uno, de verdad estaba agradecido. - Bourbon, si desaparecieron en territorio de Hombres Lagarto, creo que deberías pedir asistencia de tu amigo Brennan, te recomiendo que usen la máquina en rieles para llegar más rápido, sino serían unas 9 horas de viaje a caballo hasta la Academia - continuó.
Bourbon afirmó con la cabeza y partieron hacia la Estación. Ebbeh protestó un poco pues nunca confió demasiado en la Máquina sobre Rieles. Al llegar algunos empleados ya tenían la máquina preparada y subieron sin demoras. Wip hizo saltar su perro de monta, lo siguieron Chanu y Erik. Bourbon quedó esperando a que Ebbeh subiera, pero rehusó bajar de su caballo - yo los seguiré montado - declaró y antes que pudieran decirle algo, se adelantó al transporte.
La máquina muy lentamente comenzó a moverse, al principio tirada por cuatro caballos y luego el motor que echaba humo y vapor por todos lados fué ganando fuerza y el ayudante de maquinista enganchó los caballos en la parte posterior. - Llegaremos a la Estación en unas cuatro horas - dijo el ayudante cuando pasaba por frente de los pasajeros.
El camino era recto y aunque el transporte se movía a la velocidad de un caballo, su ritmo era constante y esto hacía la distancia más fácil de transitar y en menor tiempo. - Menor tiempo, menor tiempo ... - refunfuñó Ebbeh mientras dirigió el caballo hacia las vías. - ... siempre sucede algo que hace la máquina se averíe y terminan todos volviendo a pie - protestó para sí mismo, y fue como si algún genio malvado lo hubiese escuchado, porque unos minutos después vio sobre las vías un montón de piedras que obstruían el paso. Ebbeh, se dio cuenta que los maquinistas quizás no verían el obstáculo y eso sería un desastre. Ebbeh regresó batiendo las manos para lo vieron. Los maquinistas frenaron el aparato, era evidente que la avalancha de rocas y tierra iban a ser difícil de remover.
Bourbon se adelanto a la cabina del maquinista - ¿Que sucedió? ¿ya llegamos? - el ayudante negó con la cabeza - Tenemos un contratiempo, deberán continuar a pie desde aquí. Nos quedaremos a despejar las vías - continuó el maquinista.
Bourbon se encogió de hombros y avisó al resto lo sucedido. Habían hecho casi tres horas de viaje, así que no quedaba mucho para llegar a la Estación, así que decidieron hacer el resto del camino a pie. Había pasado ya el mediodía y algunos fueron comiendo sus raciones mientras andaban.
Al cabo de dos horas, por fin vieron la pequeña estación al final del ramal de vías. Había solo unas cuantas personas, pero ninguna parecía pasajero para la Máquina demorada.
- Yo me quedaré aquí, y veré si consigo alguien que quiera llevarme al bosque de Wide Doors - explicó Emilde a Ebbeh. Este no entendió el porqué, pero no hizo protestas tampoco, ya le había servido de excusa el haberlo traído hasta aquí, y eso era suficiente para él. Lo despidió cortésmente y se adelantó junto a sus otros compañeros.
El camino hacia la academia en ese punto era en subida y la parte baja de la montaña norte. Tenían algo así como tres horas más de viaje hasta la academia a menos que consiguieran alguien que pudiese acercarlos. Continuaron por el camino hasta que entraron a la zona de granjas, el clima era agradable y apacible, con una briza templada peinándoles los cabellos. Los granjeros los miraban pasar, algunos los saludaban y otros se limitaban a observar.
- Deberíamos preguntarle a alguien si nos alquila un carro o caballos - se quejó Erik. Bourbon, miró hacia el interior de una granja; seguramente él había pensado lo mismo. Una mujer barría la entrada de su cabaña. Bourbon se adentró en el terreno y salió a su encuentro un perro de tamaño respetable, su cuerpo cubierto de pelo que le colgaba desparejo. Su ladrido profundo advirtió a la mujer de la llegada de los viajeros. - Castor! - la última letra sonó con acento marcado a la gente del norte, y el perro se detuvo en seco, aunque atento a lo que podría hacer el visitante. - Buenas tardes, necesitamos un transporte o animales para llegar hasta la academia. ¿Sabría decirnos quien puede facilitarnos? - La voz de Bourbon fue acallando mientras iba avanzando hacia la mujer.
- Mi esposo seguro puede facilitarles transporte, puede buscarlo en el establo - respondió con ese acento muy peculiar. - Muchas gracias - respondió sonriente el humano, pues quizás no se esperaba una reacción tan benéfica.
Una joven los observaba por la única ventana de vidrio fijo, desde el interior de la casa. Erik la miró fijamente, quizás ella se percató de esto y se quitó de inmediato. - Je! le impactó mi presencia. Siempre tengo ese efecto en las mujeres - se regocijó. Bourbon lo miró sin decir palabra, pero hizo un gesto a Ebbeh que no pudo contener la risa - Quizás la espantaste - se burló mientras caminaban hacia el establo, pero el joven no se dio por aludido, sabía que él tenía razón.
- Buenas tardes - habló Bourbon en voz alta al entrar en establo. La mezcla de fuertes olores les golpeó la cara, y Ebbeh dudó en hacer un paso más hacia el interior. Erik vio colgado de un clavo en la columna principal un arma de fuego de magnífica hechura, seguramente fabricada por un experto. - Buenas tardes - respondió un hombre que salió del tercer corral, traía consigo un tridente que le sirvió de apoyo en el momento que se detuvo frente a los visitantes. - Mi nombre es Ebbeh, necesitamos un favor de usted - se adelantó el comerciante. - Precisamos llegar a la Academia, y su esposa nos dijo que quizás usted podría facilitarnos de transporte - continuó Bourbon, interrumpiendo el primer diálogo. - Mi nombre es Martel. Por supuesto que los puedo acercar hasta la Academia - respondió sin demora el hombre. - Le pagaremos bien - prosiguió Bourbon, pero el hombre solo sonrió.
- Disculpe, esa arma que tiene colgada ahí ¿usted la creó? ¿puedo verla? - La curiosidad de Erik le pareció genuina, la descolgó y se la alcanzó - Es algo pesada. Y sus balas también - dijo mientras buscaba una bala en el morral y la arrojaba en las manos del joven. - Sorprendente el peso que tiene esto. ¿Funciona bien ... que caza aquí? - mientras apuntaba a algún punto en el horizonte.
- La tengo reservada para los malvados Ferrer, un disparo de esto es suficiente para mantenerlos lejos de mi familia, mi cosecha y mi ganado - su rostro se ensombreció por unos instantes, pero su mirada regresó a la normalidad al mirar al joven que lo observaba detenidamente - Avisaré a mi esposa que voy a llevarlos, tardaré solo unos minutos. Vayan subiendo al carro. - su cuerpo pesado dio unos cuantos trancos hacia su cabaña.
Wip acarició la cabeza de su mascota y le ordenó que suba. El perro dio un salto hacia el carro y se colocó hecho una rosca en el borde. El resto de personas fueron acomodándose mientras subían y esperaron a que Martel regresara.
En el trayecto hacia la Academia, Erik no paró de preguntar al granjero sobre el arma que llevaba consigo, al punto que Ebbeh pidió por favor les dijera, para ver si el joven se dejaba de tantas preguntas. Martel sonrió - La encontré en una vieja tumba olvidada y sin nombre. Cuando pasemos cerca les diré donde es, por si las dudas quieren saber. - explicó. Así lo hizo: tiempo después, cuando iban cruzando un puente de madera en la zona plana a medio camino de la montaña, señaló hacia el barranco y llamó a Erik. - Mira, joven. En aquel barranco se encuentran varias tumbas marcadas, y otras no. En ellas se pueden encontrar más de un arma. Yo tuve la suerte de encontrar la mía y un amigo la reacondicionó para mí. -
Aunque al joven le hubiese gustado hablar más del tema, se conformó con lo que ya sabía, además que el hombre parecía de pocas palabras.
Bourbon revisó los archivos que el Comisario le había dado, estaban todas las descripciones de las personas que habían desaparecido. Todas, menos Erin Berna, la sobrina del Comisario. Esto le llamó mucho la atención a Bourbon y se pasó la tarde pensando en eso.
Evidentemente, el hombre conocía el camino muy bien y esto les ahorró un poco de tiempo. Era ya media tarde cuando el gran edificio de la Academia se alzaba ahora, sostenido casi al borde del acantilado oeste de la montaña.
Martel detuvo el carro frente a la puerta principal, que se abría solo para algunos visitantes y un joven monje salió a recibirlos. Bourbon, se apresuró a presentarse, como si ese protocolo fuese necesario en cada ocasión. El joven lo reconoció y los hizo pasar al primer patio interno.
Brennan había pasado casi todo el día leyendo un antiguo libro de tácticas militares, quizás más antiguo que él mismo, y esto ya tenía sus méritos. Aunque algunas explicaciones eran lineales y muy simples, el libro tenía su encanto y lo había atrapado por horas. No muchas personas venían a este zona de la biblioteca, porque no muchos tampoco tenían permiso para hacerlo.
Al final casi de la página, los golpes continuos en la puerta lo sacó de su concentración. - Disculpe Maestro Brennan, unos hombres vienen a buscarlo, están esperándolo en el primero patio, casi a la entrada - se excusó el joven, que sabía muy bien que no era grato interrumpir al Maestro en sus investigaciones. - ¿Quiénes son y qué desean? - respondió con el acento típico de los elfos altos; en tantos años alejado de su pueblo, aún conservaba el acento. El joven se encogió de hombros y negó con la cabeza. Brennan frunció el seño, su oscura piel resaltó el gesto - No me molestes con estas pequeñeces - la puerta se cerró a centímetros de la nariz del monje.
- El señor Brennan no desea ver a nadie, él no los recibirá. Siento que tuviesen que venir hasta aquí para nada - el joven no sabía como disimular la vergüenza. Bourbon, ya conocía el temperamento del elfo y solo sonrió. - Dile que Bourbon Jacachoury necesita verlo, tengo un pedido especial del Comisario Frederik Berna. Pero le explicaré todo solo a él. Ve, y dile eso - el joven monje no pudo rehusarse, la sonrisa de Bourbon tenía algo que lo hacía muy convincente.
Intentó nuevamente llamar a la puerta, esperando la reprimenda del siglo, pero Brennan abrió como si hubiese sido la primera interrupción en su lectura. El joven con tono tímido pasó el mensaje literalmente. - ¿Porqué no me dijiste esto desde un principio? siempre dando vueltas - tomó su espada, colgó la vaina muy prolijamente, la enfundó y salió por la puerta con paso firme pero grácil al mismo tiempo.
Bourbon lo saludó después de mucho tiempo de no verlo. - Brennan Darkleaf, viejo amigo. Disculpa por interrumpirte en tus investigaciones, pero eres uno de los pocos que tiene una relación establecida con los hombres lagartos, y necesitamos de tu ayuda. - Comenzó el relato Bourbon. Luego presentó a todos sus acompañantes, y fue conciso en el relato de lo sucedido. Mostró los reportes de las personas y comentó que el único que faltaba, era el de la sobrina del Comisario.
A Brennan siempre le gustaron los misterios, aunque prefería las novelas que podía leer en sus horas tempranas, cuando visitaba la Biblioteca Pública de la Academia.
- Voy a ayudarlos, me esperarán a que recoja algunas de mis cosas y me prepare para salir - dijo por fin.
Ya estaba cayendo la noche y el cielo era una mezcla de tonalidades desde naranjas y rojos, hasta azules oscuros, con grandes nubes bañando las zonas ennegrecidas, aunque no podían ocultar la cara resplandeciente de la Luna. Los viajeros partieron rumbo al valle nuevamente, y los más jóvenes se quedaron dormidos en el carro, mientras Bourbon y Brennan se ponían al tanto de noticias.
En la zona de las granjas los sembradíos de trigo se mueven al compás del viento. Pero tres rastros van dividiendo la vegetación, dejando un surco por unos instantes. Las criaturas frenan su marcha, mientras se escucha el canto melodioso y agradable de una mujer dentro de la cabaña. Las criaturas se incorporan dejando pasar su cabeza por sobre las espigas de trigo y sus ojos brillan en oscuridad.
Algo siniestro está a punto de suceder.



Rodrigo Matías likes this
ResponderEliminar=))
ResponderEliminarmuy bueno mirkachu XD
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