Disculpas por la demora. Desde ahora continuaré entregando un poco más seguido.
La mañana había llegado y la entrada de la cueva olía al fresco perfume de los helechos húmedos. Zorak se desperezó refregando los ojos de su cabeza izquierda. Había estado haciendo guardia en el terreno cercano desde el atardecer del día anterior, como podía dormir con una cabeza mientras hacía guardia con la otra, esta tarea le resultaba más llevadera.
Había crecido junto a su pueblo, y aunque había tenido algunos problemas por su maldición, muchos Hombres Lagartos Duros de su generación tenían deformaciones. El pueblo ya estaba acostumbrado y buscaban los beneficios de esto.
Llegó su reemplazo para la guardia, que todavía venía comiendo un gran pescado. Zorak lo miró con recelo, no había comido nada desde la noche anterior y tenía mucha hambre. El joven Hombre Lagarto observó ambas cabezas y ofreció el resto del pescado al guardián. Zorak se animó y tragó la mitad de un solo bocado, luego entregó lo que quedaba a su otra cabeza.
- El día está tranquilo - dijo y se dirigió hacia el interior de la cueva masticando los restos de la porción de desayuno.
Los Hombres Lagartos se paseaban por los pasillos de las cavernas y Zorak iba saludando aquellos que se habían levantado temprano para comenzar a realizar sus quehaceres diarios.
Como todos los días, Zorak se dirigió a las cuevas inferiores, para visitar a su padre, el Warchief Karlak, antes de darse una zambullida merecida en el lago de la aldea.
Un grito lo hizo detenerse y mirar hacia el lago cuando iba descendiendo por uno de los caminos hacia las cuevas inferiores. Vio un cuerpo flotando en el líquido. Aunque los Hombres Lagarto disfrutaban de horas de reposo en el agua, éste no estaba en una posición muy normal. Corrió hacia el lago y otros lo imitaron.
Zorak vio una mancha oscura en el agua casi cristalina. Miró a los Hombres Lagartos que aún estaban nadando y gritó - ¡¡Todo el mundo fuera del lago!! - su cabeza derecha repitió la orden, mientras la cabeza izquierda ordenó a otro Hombre Lagarto que busque al chaman Murrak. - ¡Busquen algo para sacar al hermano del agua! - gritó y un Hombre Lagarto Verde se acercó con una vara larga.
Mientras el chaman Murrak llegaba, Zorak había empujado el cuerpo sin vida de su hermano hasta la orilla para que el chaman lo examinara. - ¿Cuándo sucedió esto? - preguntó asombrado el viejo Hombre Lagarto y Zorak se encogió de hombros sin respuesta alguna.
- Yo lo vi, chaman - se adelantó otro. - Apareció la mancha en un costado y Zeraz nadó a través de ella, pero un momento después comenzó a agitar sus manos y a agarrarse la garganta. Luego quedó inmóvil. Él era muy fuerte - Todos se le quedaron mirando, pues Zeraz era bien conocido por ser un Duro muy activo y saludable.
- ¡El lago apesta a sangre! - dijo el chaman mientras tiraban del cuerpo fuera del agua. El cadáver ya estaba endureciendo. Lo revisó de pies a cabeza pero no encontró señales de violencia, mordedura o heridas. El veneno o lo que haya sido, estaba en el agua. - No usaremos el lago hasta que esto sea investigado. No quiero otro muerto. ¿Quedó claro? - ordenó el anciano.
- Difundan la orden - dijo Zorak a los presentes - todo la tribu tiene que estar enterada de esto lo antes posible -
El chaman lo miró fijamente. El joven problemático de antaño ya había desaparecido, ahora era un Hombre Lagarto Duro hecho y derecho. - Zorak, creo que deberías ver a tu viejo padre. Él soñó algo de esto y es preciso que él te hable al respecto. - dijo con vos baja pero clara.
- Por supuesto, chaman Murrak - dijo el joven, hizo una reverencia y se apuró a descender por el camino a la zona inferior.
El pasillo tenía forma de espiral descendiente hasta una pequeña sala cuadrada donde dos grandes Hombres Lagartos Duros hacían guardia a la entrada del cuarto del Warchief. Zorak los saludó y pasó sin disminuir su velocidad. - ¿Cómo está? - preguntó al pasar. - Igual - le respondió uno de los guardias.
Zorak corrió la pesada piel que hacía de puerta y entró en el cuarto aromatizado con inciensos. Alrededor de la cama del anciano se encontraban dos Hombres Lagartos Duros y la pareja del Warchief. Zorak saludó a todos y se paró al lado del camastro.
- ¿Qué tal estuvo tu guardia? - balbuceó el anciano, sin abrir los ojos.
- Tranquila hasta poco antes del final - respondió Zorkra, la cabeza mayor. - Encontramos uno de nuestros hermanos, muerto en el lago - continuó.
- ¿Qué sucedió? - se apresuró uno de los Duros que le hacía compañía. - Encontraron el cadáver flotando dentro de una mancha oscura ¿verdad? - continuó el Warchief. Zorak afirmó con la cabeza.
- El chaman Murrak me dijo que debía hablar con usted. ¿Usted ha visto que pasaría, Warchief? - preguntó la cabeza derecha de Zorak. El viejo Duro movió su cabeza en signo de aprobación.
- El tiempo de su venganza ha llegado, Zorak. Debemos estar preparados. - El anciano respiraba entrecortado. Su condición física era cada día peor aunque no lo demostraba. Había soportado mucho tiempo esa maldición, pero su cuerpo había envejecido, y sus defensas no eran las mismas.
- ¿Recuerdas aquella leyenda que te conté sobre Ojos Oscuros? - hizo una pausa pues su voz fue quebrándose de a poco, Zorak afirmó con sus dos cabezas.
- Quiero que salgas de la aldea una vez más, esta vez debes ir en busca de Brennan - su aliento era muy débil y esperó unos instantes para continuar - Dile que estoy pidiendo su ayuda una vez más. - no pudo seguir hablando y reposó respirando despacio.
- Podrás encontrarlo en la Academia de Guerra. Por el Camino de las Granjas humanas, hacia el norte - continuó uno de los ancianos que los acompañaba.
El Warchief señaló con su dedo un collar que estaba sobre una mesa de madera al costado de la gran cama. Zorak tomó el collar. - Muéstrale esto, será suficiente para que consigas su ayuda - dijo y volvió a callar.
Zorak lo miró por un instante, colocó el collar alrededor de su cabeza derecha. Se despidió y salió a toda velocidad para cumplir con el pedido de su padre.
Tomó sus cosas y su lanza de caza. Pidió las bendiciones del chaman Murrak y salió de los dominios de su aldea en dirección a las Granjas humanas.
Había estado varias veces en la Cuaderna Cerrada, pero no confiaba tanto en los humanos como para moverse libremente por sus terrenos. Decidió correr ocultándose lo mejor posible entre la vegetación y los edificios que encontrara, hasta llegar al camino que lo llevaría a la Academia de Guerra.
Había crecido junto a su pueblo, y aunque había tenido algunos problemas por su maldición, muchos Hombres Lagartos Duros de su generación tenían deformaciones. El pueblo ya estaba acostumbrado y buscaban los beneficios de esto.
Llegó su reemplazo para la guardia, que todavía venía comiendo un gran pescado. Zorak lo miró con recelo, no había comido nada desde la noche anterior y tenía mucha hambre. El joven Hombre Lagarto observó ambas cabezas y ofreció el resto del pescado al guardián. Zorak se animó y tragó la mitad de un solo bocado, luego entregó lo que quedaba a su otra cabeza.
- El día está tranquilo - dijo y se dirigió hacia el interior de la cueva masticando los restos de la porción de desayuno.
Los Hombres Lagartos se paseaban por los pasillos de las cavernas y Zorak iba saludando aquellos que se habían levantado temprano para comenzar a realizar sus quehaceres diarios.
Como todos los días, Zorak se dirigió a las cuevas inferiores, para visitar a su padre, el Warchief Karlak, antes de darse una zambullida merecida en el lago de la aldea.
Un grito lo hizo detenerse y mirar hacia el lago cuando iba descendiendo por uno de los caminos hacia las cuevas inferiores. Vio un cuerpo flotando en el líquido. Aunque los Hombres Lagarto disfrutaban de horas de reposo en el agua, éste no estaba en una posición muy normal. Corrió hacia el lago y otros lo imitaron.
Zorak vio una mancha oscura en el agua casi cristalina. Miró a los Hombres Lagartos que aún estaban nadando y gritó - ¡¡Todo el mundo fuera del lago!! - su cabeza derecha repitió la orden, mientras la cabeza izquierda ordenó a otro Hombre Lagarto que busque al chaman Murrak. - ¡Busquen algo para sacar al hermano del agua! - gritó y un Hombre Lagarto Verde se acercó con una vara larga.
Mientras el chaman Murrak llegaba, Zorak había empujado el cuerpo sin vida de su hermano hasta la orilla para que el chaman lo examinara. - ¿Cuándo sucedió esto? - preguntó asombrado el viejo Hombre Lagarto y Zorak se encogió de hombros sin respuesta alguna.
- Yo lo vi, chaman - se adelantó otro. - Apareció la mancha en un costado y Zeraz nadó a través de ella, pero un momento después comenzó a agitar sus manos y a agarrarse la garganta. Luego quedó inmóvil. Él era muy fuerte - Todos se le quedaron mirando, pues Zeraz era bien conocido por ser un Duro muy activo y saludable.
- ¡El lago apesta a sangre! - dijo el chaman mientras tiraban del cuerpo fuera del agua. El cadáver ya estaba endureciendo. Lo revisó de pies a cabeza pero no encontró señales de violencia, mordedura o heridas. El veneno o lo que haya sido, estaba en el agua. - No usaremos el lago hasta que esto sea investigado. No quiero otro muerto. ¿Quedó claro? - ordenó el anciano.
- Difundan la orden - dijo Zorak a los presentes - todo la tribu tiene que estar enterada de esto lo antes posible -
El chaman lo miró fijamente. El joven problemático de antaño ya había desaparecido, ahora era un Hombre Lagarto Duro hecho y derecho. - Zorak, creo que deberías ver a tu viejo padre. Él soñó algo de esto y es preciso que él te hable al respecto. - dijo con vos baja pero clara.
- Por supuesto, chaman Murrak - dijo el joven, hizo una reverencia y se apuró a descender por el camino a la zona inferior.
El pasillo tenía forma de espiral descendiente hasta una pequeña sala cuadrada donde dos grandes Hombres Lagartos Duros hacían guardia a la entrada del cuarto del Warchief. Zorak los saludó y pasó sin disminuir su velocidad. - ¿Cómo está? - preguntó al pasar. - Igual - le respondió uno de los guardias.
Zorak corrió la pesada piel que hacía de puerta y entró en el cuarto aromatizado con inciensos. Alrededor de la cama del anciano se encontraban dos Hombres Lagartos Duros y la pareja del Warchief. Zorak saludó a todos y se paró al lado del camastro.
- ¿Qué tal estuvo tu guardia? - balbuceó el anciano, sin abrir los ojos.
- Tranquila hasta poco antes del final - respondió Zorkra, la cabeza mayor. - Encontramos uno de nuestros hermanos, muerto en el lago - continuó.
- ¿Qué sucedió? - se apresuró uno de los Duros que le hacía compañía. - Encontraron el cadáver flotando dentro de una mancha oscura ¿verdad? - continuó el Warchief. Zorak afirmó con la cabeza.
- El chaman Murrak me dijo que debía hablar con usted. ¿Usted ha visto que pasaría, Warchief? - preguntó la cabeza derecha de Zorak. El viejo Duro movió su cabeza en signo de aprobación.
- El tiempo de su venganza ha llegado, Zorak. Debemos estar preparados. - El anciano respiraba entrecortado. Su condición física era cada día peor aunque no lo demostraba. Había soportado mucho tiempo esa maldición, pero su cuerpo había envejecido, y sus defensas no eran las mismas.
- ¿Recuerdas aquella leyenda que te conté sobre Ojos Oscuros? - hizo una pausa pues su voz fue quebrándose de a poco, Zorak afirmó con sus dos cabezas.
- Quiero que salgas de la aldea una vez más, esta vez debes ir en busca de Brennan - su aliento era muy débil y esperó unos instantes para continuar - Dile que estoy pidiendo su ayuda una vez más. - no pudo seguir hablando y reposó respirando despacio.
- Podrás encontrarlo en la Academia de Guerra. Por el Camino de las Granjas humanas, hacia el norte - continuó uno de los ancianos que los acompañaba.
El Warchief señaló con su dedo un collar que estaba sobre una mesa de madera al costado de la gran cama. Zorak tomó el collar. - Muéstrale esto, será suficiente para que consigas su ayuda - dijo y volvió a callar.
Zorak lo miró por un instante, colocó el collar alrededor de su cabeza derecha. Se despidió y salió a toda velocidad para cumplir con el pedido de su padre.
Tomó sus cosas y su lanza de caza. Pidió las bendiciones del chaman Murrak y salió de los dominios de su aldea en dirección a las Granjas humanas.
Había estado varias veces en la Cuaderna Cerrada, pero no confiaba tanto en los humanos como para moverse libremente por sus terrenos. Decidió correr ocultándose lo mejor posible entre la vegetación y los edificios que encontrara, hasta llegar al camino que lo llevaría a la Academia de Guerra.
Su vida iba a cambiar desde ese momento.



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