viernes, 7 de agosto de 2009

Capitulo Uno - Cuaderna Cerrada


El pueblo de Cuaderna Cerrada había sido un lugar tranquilo durante generaciones. El último gran incidente había terminado con más de dos centenares de pobladores que habían estado dispuestos a luchar codo a codo en contra de la invasión evidente de Demonios en el lugar. Pero esto había sucedido hacía ya cinco generaciones y solo viejas tumbas sin nombres sembradas por todo el valle era el único recuerdo.
Ubicado en la zona norte de la provincia de Valeria, en el fondo cerrado del Valle de Cuaderna, entre dos columnas de montañas que lo resguarda casi perfectamente y un bosque tupido que hace de puerta y guarnición. El poblado en otro tiempo próspero, ahora sobrevivía con los pocos ingresos que se consiguen de la explotación de hierro en la mina administrada por el respetable Señor Nelson Finn.

Había llegado la época del año cuando se conmemoraba aquella épica batalla, y los hombres y mujeres habían creado la costumbre de visitar casi todas las tumbas de los que cayeron defendiendo el patrimonio del pueblo. Pero como muchas tradiciones, con el paso del tiempo fueron perdiéndose, y solo unas pocas mujeres este año habían organizado el viaje de dos o tres días para recorrer los lugares visitando aquellas tumbas anónimas. El Señor Finn se había ofrecido también para ir junto a ellas, unas veintidos se habían anotado y la partida se llevó a cabo sin contratiempos.

La siguiente tarde, el Comisario Frederik Berna fué advertido que no habían tenido contacto con la peregrinación desde su salida y esto ya era extraño. No quiso alarmar a nadie y envió a dos Scouts Halflings montados en sus rápidos perros para que trajeran noticias de las mujeres y el Intendente de la Mina. Las noticias no fueron muy alentadoras, los scouts habían encontrado el campamento con los pertrechos de la expedición, pero no había señales de las personas. Los halflings peinaron el lugar de punta a punta buscando rastros, pero sin ningún éxito. Regresaron casi al amanecer con las pocas y amargas noticias. El Comisario se puso en movimiento, necesitaban actuar rápido para evitar cualquiera posible tragedia, y por supuesto, sus ayudantes también. Los jóvenes caminaron por el pueblo averiguando desde la ruta que iban a tomar los peregrinos, hasta los posibles peligros que pudiesen encontrar. La gente comenzó a hablar y la noticia de la desaparición dejó de ser un misterio para todo el mundo.
El Comisario mandó a llamar a Bourbon Jacachoury, un humano de mediana edad con una predisposición peculiar para las tareas y una suerte aún mas inusual. Había ayudado anteriormente a la comisaría en la resolución de algunos casos. Era de confianza y el Comisario Frederik poseía una simpatía fundamentada en él.
Los jóvenes ayudantes, Erik Siderwinder un humano de corta edad pero de una autoestima comparable a los grandes héroe, y Chanu, un elfo talentoso e igualmente joven, criado en la calle junto a artistas ambulantes.
Bourbon escuchó atento las explicaciones del Comisario Frederik, el hombre parecía nervioso e impaciente en sus declaraciones, y su mirada reflejaba la angustia de alguien afectado directamente. Bourbon perspicaz preguntó si había alguien de su familia en la expedición. El Comisario respondió positivamente.
- Mi única sobrina está en ese grupo - su voz demostraba consternación. Bourbon había descubierto una veta de debilidad en la dura cáscara del viejo militar. - No se preocupe, que no descansaré hasta descubrir que ha sucedido, e intentaré traerla de vuelta - dijo condescendiente.
- Los preparativos del viaje estarán listo en menos de una hora, enviaré a mis ayudantes a preparar todo - dijo con la firmeza habitual el Comisario y haciendo una seña a su ayudante lo hizo acercar, sacando una bolsa con monedas del cajón - toma Erik, ve a los comerciantes y consigue provisiones para cinco personas - cerró la bolsa y la pasó al joven que se apresuró a tomarla - compra como para una semana, acompañarán al Señor Bourbon en este viaje - concluyó.
- ¿Seguro que son de capaces? - preguntó preocupado Bourbon. - Si, quizás sean un poco latosos y despreocupados a veces, pero puedo asegurarle que le serán de muy buena ayuda - afirmó el hombre.
- Una cosa más ... - hizo un pequeña pausa y continuó - Por si las dudas encuentre alguno lastimado, debería llevar con usted alguien que pueda asistir las heridas. Tengo buenas referencias del hijo del Curandero del pueblo. - Bourbon hizo una mueca pues Wip, el hijo del Curandero, no tenía muy buenas referencias, siempre abstraído en banalidades y nunca se le había conocido responsabilidades. Pero si el Comisario lo recomendaba, no iba a hacer vista gorda a su pedido.
- Iré a buscarlo ahora mismo - y mirando a Chanu, callado en una silla junto a la ventana, un ritmo constante y harmónico brotaba de sus pies - ¿tú que harás? - Chanu se encogió de hombros y continuó mirando por la ventana.

El mercado del pueblo era el único lugar donde las voces de los pregones y los tenderos ofreciendo sus mercaderías, casi todas traídas de lugares lejanos o de las granjas aledañas, sacaban a los peatones de sus rutinas, para teñirlas de un color especial. A casi todas las personas les gustaba pasear por estas calles.
Ebbeh se desperezó sin preocupaciones. Siempre se las había arreglado para salir adelante y por razones que no muchos sabían, él era el único que nunca se quedaba sin mercancías. Por esta razón, los viajeros hacían una parada obligada por su local, cada vez que pasaban por Cuaderna Cerrada.
- Buenos días mi buen Ebbeh - dijo un hombre de espalda amplia y estómago prominente. - Hacía tiempo que no venía por Cuaderna Cerrada, y no podía pasar sin saludarte - el viajero estiró su mano y mostró una sonrisa bien decorada de oro y plata. - Buenos días, señor Emilde - respondió Ebbeh - ¿Qué anda buscando? ¿qué puedo ofrecerle hoy? - Las manos de Ebbeh se juntaron inconscientemente frente a su nariz y sus ojos brillaron por unos segundos - Hoy no vengo por negocios, mi amigo ... necesito ayuda de Usted - dijo, y su voz fue apagándose de a poco. Ebbeh prestó atención.
- El bosque de salida de Cuaderna Cerrada y Las Planicies Wide Doors ya no son seguros. Antes tenían los peligros comunes de las zonas salvajes, pero en estos días la maldad ha crecido, ... ya no estamos seguros ni siquiera tras nuestras puertas cerradas, mi amigo - Emilde movía los dedos impaciente - Mi viaje en principio iba a ser hacia el sur, hacia la ciudad de Valeria para vender a mejor precio los cueros de ciervo que cazo en mis terrenos, pero bordeando la montaña me ví forzado a tomar el camino del Bosque de Wide Doors, pues los bárbaros han estado de caza y destruyeron varias granjas en su recorrido. Vi las columnas de humo de las casas de un pequeño poblado en la zona norte del bosque - luego de la extensa declaración, tomó aire.
La puerta de la tienda se abrió y el sonido estridente de una campanilla llenó la habitación. Erik entró casi corriendo y miró fijamente a Ebbeh. De niño, siempre le había dado miedo, pero ahora no lo veía tan peligroso. - Ebbeh, necesito provisiones para cinco personas, para una semana de viaje - dijo como si fuese el único cliente en la tienda. Ebbeh lo miró, muchas ideas se cruzaron por su cabeza en ese momento. - ¿A dónde van? - preguntó, con una expresión exagerada - ¿No te has enterado? ha desaparecido el grupo de mujeres que hacían peregrinación hacia las Tumbas Sin Nombre. Ahora el Señor Bourbon está organizando una cuadrilla de búsqueda, partimos cuando regrese con las provisiones - Ebbeh miró al gordo señor Emilde - Usted iba a pedirme que lo ayudara a atravesar el bosque nuevamente, ¿es así? - Ebbeh sonrió al ver la respuesta afirmativa del viajero - me parece que la suerte nos sonríe a ambos, mi amigo - sus manos nuevamente se juntaron y sus ojos se iluminaron como elucubrando una idea, seguramente implicaba dinero, mucho dinero.
Ebbeh preparó raciones para más de cinco personas, algunas de ellas las cargó en las alforjas sobre su caballo y animó al viajero con una alegría extraña, como a un niño que lo llevan de paseo.

Continuará ...

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