Otra vez tengo que dar gracias a Euge, que está pasando por un momento muy especial. Por eso quiero dedicarle este capítulo a ella.
Gracias tambien a todos por los comentarios, acá y por mail o a la cara que me hacen, porque me van ayudando a mostrar de forma más comprensible lo que hay dentro de mi cabeza. Jaja, en serio gracias. Espero que les guste, como a mí.
Wip miró los heridos. Erik, aunque estaba paralizado por el veneno, parecía respirar y no había recibido una herida muy grave. Bourbon por otro lado tenía varias heridas graves, las uñas de la criatura habían acertado un par de veces bajo las costillas y los brazos. El halfling se concentró y dio un adiós a las raíces que fueron desapareciendo en la tierra por donde brotaron. Sus oídos comenzaron a sentir con normalidad.
Chanu retiró el cuerpo de Erik y lo apoyó contra la pared, colocó su mano en la garganta de su amigo y, mientras cantaba en voz baja, la mancha roja alrededor del cuello del joven desapareció.
Mientras Ebbeh regresó a su tarea, tomó el taladro y continuó perforando la puerta de madera. Aunque ahora ya no necesitaban tanta cautela usó el agujero para pasar una de sus herramientas y quitar la traba del otro lado de la puerta.
Brennan vio que algo brillaba entre los despojos de masa carnosa de la criatura, se sentó en cuclillas y removió esperando ver que era aquello. Sus ojos se abrieron de par en par al ver un montón de gemas y monedas prácticamente intactas y relucientes entre las secreciones. Haciendo acopio de coraje y aguante, metió su mano y sacó un puñado de cosas, anillos, gemas, oro y una poción. Un verdadero tesoro. - Pobre el desdichado que poseía esto, seguramente no sabía que aventurarse en estas cuevas era tan peligroso - se lamentó.
De a poco Erik recuperó la movilidad de su cuerpo, las manos todavía las sentía pesadas pero esperaba que se pasara con el tiempo, su cuello le ardía aunque ya no estaba lastimado. - ¿Qué era esa cosa, Chanu? - preguntó recuperando el aliento.
- Eso era un Mohrg, creí que solo eran leyendas - respondió el joven elfo. - Las criaturas que han sido usadas para sacrificio a dioses malignos generalmente nunca dejan este mundo y vagan en las cercanías donde murieron, matando a todo aquel que pase por el lugar y transformándolo en un muerto viviente. - continuó, sus ojos clavados en su amigo. Erik tragó saliva.
Wip escuchaba lo que el elfo decía, mientras se ocupaba de curar las heridas de Bourbon. El espadachín había recuperado el aliento y aunque le dolía el cuerpo ya no sangraba. - La próxima vez que vayas a disparar eso en una cueva Erik, avisa por lo menos. Me dejaste sordo - se quejó el halfling. Erik se encogió de hombros.
Ebbeh había terminado de hacer el orificio y observó con cuidado el otro lado. No podía ver nada, la oscuridad era absoluta. - Brennan, ¿podría intentar ver algo por acá? - Brennan se acercó, y observó el interior de un gran cuarto. Nadie se movía, ni vio nada peligroso. - Parece estar bien -
Ebbeh introdujo un lazo con un anzuelo por el orificio y dejó que se aferrara a la tranca. Tiró de la cuerda y el madero cayó al suelo con un sonoro estruendo. - Igual, ya no necesitamos ser discretos - se explicó sonriendo.
El cuarto detrás de la puerta se iluminó dejando ver una gran estancia. Algunas vías llegaban a su final, y otras se bifurcaban por una entrada a su izquierda. La pared del fondo de la habitación era más baja que el techo y vieron una entrada en la parte posterior izquierda. Parecía ser un camino en la altura que iba de izquierda a derecha. Al abandonar la mina habían dejado los carros de metal, algunas mesas y varios cajones con rocas. Observaron todo el lugar, la única salida era siguiendo las vías hacia el norte.
Cuando iban a entrar por aquel túnel, Wip se detuvo de repente. Una sensación extraña le recorrió el cuerpo, miró sobre su hombro derecho y se dirigió hacia unas cajas de madera colocadas contra la pared. El resto lo observó - ¿sucede algo, Wip? - preguntó Bourbon. El halfling no respondió, colocó una rodilla cerca de una rejilla que estaba apretada debajo de las cajas. Un líquido corría a unas cuantas manos de la rejilla. El olor era penetrante - ¿Qué sucede? - volvió a preguntar Bourbon. El halfling se incorporó - no es nada. Solo líquido del drenaje o algo así - regresó al grupo.
Siguieron el pasillo, atentos a todos los detalles. Cada estría en las paredes hacía las sombras más amenazantes.
Encontraron dos pequeñas entradas a izquierda y derecha a unos cuantos metros de la entrada, depósitos de herramientas, vigas y algunos hierros usados para la construcción o mantenimiento de la misma mina. El pasillo giraba hacia el este y se dividía en dos caminos. Aunque las vías seguían por el camino de la derecha decidieron verificar la bifurcación izquierda también.
Encontraron unos cuantos camastros de madera con acolchados de cueros, desordenados y recientemente usados. Algo que llamó la atención de Bourbon. No encontraron objetos personales en el lugar, pero si había manchas de sangre y varios elementos de tortura. Brennan y Bourbon se miraron indignados. El pasillo continuaba hacia el este y salía por un pequeño pasillo hacia otro túnel donde encontraron nuevamente las vías.
- Regresemos hacia la otra bifurcación - dijo Bourbon.
- Esta debe ser la que no tomamos - interrumpió Chanu.
- Veamos, entonces - continuó Bourbon.
Bajaron unos cuantos escalones en dirección contraria a la que venían, para entrar a una cámara pequeña con dos nuevos caminos. La habitación estaba vacía, salvo por una lámpara apagada que colgaba en el centro.
Wip sintió un escalofrío que le recorrió la espalda. Había sentido esa misma sensación un poco antes, pero no le había dado importancia. Había algo en esta habitación que la hacía diferente. Algo malvado en el aire.
- Alumbren por acá que quiero ver los detalles de esta habitación - dijo el halfling. Erik se adelantó y alumbró el lugar de un lado al otro. Solo vieron tres delgados canales de unos dos metros de largo que cortaban la habitación de sur a norte. Brennan y Wip se acercaron para observar más detenidamente. Un líquido oscuro corría lenta pero constantemente. El shaman halfling no tuvo dudas al observarlo: el olor ferroso y la consistencia. - Sin lugar a dudas, esto es sangre - dijo. Todos quedaron sin palabras.
- Esto cada vez me está gustando menos. Continuemos - dijo Bourbon.
Regresaron al pasillo norte por el que habían entrado. Caminaron unos cuantos metros y vieron que el pasillo se ensanchaba para transformarse en una estancia grande, iluminada tenuemente por lámparas que brillaban mágicamente. La habitación estaba cavada y tenía una bajada con escaleras hacia el centro, mientras que dos vías bajaban y subían por rampas laterales. En la parte posterior había tres jaulas colgadas desde el techo de la cueva, suspendidas a unos cuarenta centímetros del suelo. La sangre en las púas de metal en la base de cada una denotaba que habían sido usadas hacía poco tiempo.
Los aventureros quedaron muy impactados por aquel siniestro escenario. Pero Bourbon los sacaría de aquel estupor - Miren esto. Aquí han hecho sacrificios humanos... Seguro - dijo con su voz entrecortada. Señaló una pared con un dibujo circular y runas pintadas con la misma sangre, que a la vez hacía de cabecera de un altar de piedra donde los rastros de sangre dibujaban el cuerpo de un ser humano.
- Seguro las tuvieron paradas en estas jaulas por horas, antes de desangrarlas - escupió Erik y se mordió el labio para no maldecirlos. Aunque Chanu no necesitó escucharlo para saber lo que su amigo estaba pensando y apoyó su mano en el hombro del joven.
- No hay mucho más que ver aquí, seguramente ya se llevaron a las mujeres, o los cuerpos a otro sitio. Continuemos - dijo Ebbeh un poco alterado. Ninguno protestó, todos querían salir de la habitación lo antes posible.
Hicieron el camino de vuelta pues no había ninguna otra entrada ni puerta en aquella siniestra habitación y regresaron en silencio, pasando por la habitación con los canales. Tomaron la entrada a su derecha, un frío sobrenatural y amenazante los envolvió a unos metros de aquel umbral. A su izquierda se abría otra habitación; la piedra había sido cavada formando un pozo con paredes inclinadas.
Erik y Ebbeh se adelantaron. Erik alumbró todo el lugar. Algunas viejas herramientas eran lo único que decoraba un borde de la habitación casi circular.
- No hay nada aquí - susurró Chanu, apurando a los demás. Ebbeh se detuvo, pues le pareció ver moverse algo en la pared del fondo. - Alumbra aquí - le dijo a Erik que se acercó con él. Wip miró apresurado, pues algo no estaba bien. Ebbeh se adelantó mirando los rincones, y Erik examinó la pared buscando grietas o pasadizos secretos.
Sintió un movimiento a un lado y se giró. Una cara se dibujó en frente suyo, desformada por un dolor eterno. Ebbeh vio lo mismo delante de él y todo el muro comenzó a quejarse. Cientos de almas prisioneras estiraban sus manos intentando atraparlos. En aquel momento Erik y Ebbeh quedaron presos del miedo sin poder mover un músculo.
- ¡¡Brennan, hay que sacarlos de aquí, este muro está lleno de malos espíritus!! - gritó el shaman. Brennan sin demorar un segundo, hizo acopio de todo su coraje, se concentró por unos segundos y no dejó que el miedo se apoderase de su mente. Tomó a los dos por sus brazos y los jaló con fuerza hacia el centro de la habitación. Bourbon y Chanu cerraron sus ojos y fueron a ayudar al sabio.
- Un Muro de Almas en este lugar. Saben los Espíritus hace cuanto que existe esto aquí! - continuó el halfling.
- Mejor háganme caso la próxima vez - se quejó Chanu.
Tomaron los túneles hacia el sur entrando en una pequeña habitación con el suelo inundado. El agua entraba por una grieta en la pared oriental y formaba un pequeño río por el túnel. Erik y Ebbeh aprovecharon para distraer un poco su mente de aquella tan horrible visión - Una napa de agua, quizás esto debilitó las paredes de la mina - dijo Chanu pero Erik negó con la cabeza. - Me parece que eso del derrumbe era solo una excusa para cerrar la mina - opinó Ebbeh mirando a Erik.
- Quiero terminar con esto. Sigamos - interrumpió Wip.
Siguieron el agua y el túnel hacia una especie de zigzag que desembocaba en una cornisa. Abajo se veía un gran salón. Brennan reconoció las puertas de maderas que Ebbeh había perforado luego del enfrentamiento con el Mohrg. El agua se escurría por una fisura en la misma cornisa. Un canal muy parecido a los que transportaban la sangre, pero esta vez era solo agua sucia. Chanu se detuvo de repente - Silencio, escucho alguien llorando - dijo. El elfo que tenía su oído muy entrenado, distinguió casi claramente los sollozos de mujeres, y señaló el túnel que estaba al final de la cornisa.
Todos apresuraron el paso tratando de hacer el menor ruido posible. El suelo cambió de color y las paredes se hicieron de roca sólida. Vieron una pequeña habitación a su izquierda, pero al alumbrar no había nada. Ahora todos escuchaban los quejidos y el llanto de algunas mujeres. Al girar por el pasillo vieron la estancia iluminada con lámparas de aceite, la habitación siguiente también estaba iluminada.
Chanu se adelantó haciendo unos trancos mientras alistaba una flecha en su arco, seguido por Brennan que ya llevaba su espada desenvainada. Bajaron unos amplios escalones cuando llegaron a ver por completo la habitación. Brennan contó hasta seis mujeres colgadas o atadas a diversos elementos de tortura. Todas ellas estaban desnudas, lastimadas y sin fuerzas en sus cuerpos para siquiera intentar escaparse. Solo podían quejarse y llorar. En el centro de la habitación un hombre alto, flaco pero de contextura fornida, vestido solo con unos pantalones de cuero, se regocijaba en la agonía de sus víctimas.
Látigo en mano mortificaba a una mujer que yacía boca arriba sobre un camastro de madera; sus manos y piernas sujetos con grilletes. La punta del látigo hizo un sonido estridente muy cerca del pecho de la joven. Chanu no pudo aguantarse más, apuntó con su flecha y la soltó sin siquiera esperar que los demás estuviesen preparados. La flecha se incrustó centímetros por encima del cinturón. El hombre dejó de sonreír malévolamente y presionó los dientes con fuerza agarrando la flecha con su mano izquierda.
Brennan no dejó que reaccionara. Corrió con todas sus fuerzas, su espada cortaba el aire, y la flama en su filo rugía a cada paso. Ebbeh reconoció a Marco Ferrer, el mismo que había visto en la granja horas antes. La espada de Brennan formó un perfecto arco ascendente y la piel del Ferrer se desgarró de punta a punta. El sonido fue espeluznante y el cuerpo sin vida cayó hacia atrás, rebotando contra el camastro de madera.
Las mujeres comenzaron a rogar con sus extintas fuerzas, que las bajaran. Bourbon reconoció seis de las mujeres desaparecidas del pueblo. - Solo un momento más, por favor. Hemos venido a rescatarlas - dijo con la diplomacia que lo caracterizaba.
Ebbeh encontró el mecanismo que sostenía suspendidas las jaulas y los grilletes, mientras Erik liberaba a la muchacha que estaba sobre el camastro.
Bourbon y Wip descubrieron un cofre en el fondo de la habitación. Estaba sin candado y las ropas de Marco Ferrer lo cubrían en parte. Chanu ayudó a Ebbeh con las mujeres. Cuando todas estaban libres, sacó su laúd y comenzó a tocar una melodía sencilla, y posando su mano las heridas, comenzó a curarlas. Wip, pidió a los espíritus que los ayudara mientras curaba a las mujeres que faltaban. - ¿Todas pueden moverse y caminar? - preguntó Bourbon. Ellas afirmaron algo más animadas.
- Ebbeh, podrías mirar si no hay trampas aquí? - preguntó Brennan, señalando el cofre. Ebbeh lo inspeccionó con detenimiento. No encontró ningún mecanismo. Lo abrió despacio y extrajo las cosas de su interior, una armadura de mallas livianas, una carta abierta, una bolsa de oro. - ¿Qué dice la carta? - preguntó Wip. Ebbeh se la pasó. - Tiene un sello extraño - comentó el halfling.
- Es el sello de La Orden de los Escorpiones Negros... - dijo Chanu sorprendido - ... son mercenarios que se venden, incluso a los demonios. - continuó y se colocó al costado del shaman para leer junto a él. Wip la abrió y sus ojos se pegaron casi involuntariamente a las primeras frases escritas en el idioma de los diablos "Ay Señor de las Mentiras..." repitieron ambos al unísono y el rezo continuó, y sus corazones se apretaron contra sus pechos produciendo un dolor insoportable. Chanu casi pierde el sentido, pero comenzó a respirar mientras continuaba recitando aquel maligno encantamiento: "... me corrompa y me reviente el alma en trozos de placer." El rezo terminó y ambos cayeron al suelo entumecidos del dolor - creo que no fue sabio leer eso sin analizarlo - escupió el bardo con su poco aliento. El pulso les temblaba.
El halfling se sentó en el lugar y continuó con la lectura, esta vez estaba escrito en valeriano:
"Marco. El Señor de las Alas Negras ya tiene todo preparado y se ejecutará todo en tiempo. Los que están intentando interferir deberán morir, pero no te confíes puesto que entre ellos está un sabio de la Academia y un investigador de prestigio en la ciudad.
Como ya sabes, esta será tu última oportunidad, luego de esto no tendrás más apoyos. Mas te vale no fallar, aunque seguro lo harás. B."
- ¿Quién es ese Señor de las Alas Negras? - preguntó Erik.
- No sé, pero no me gusta nada - respondió Chanu.
- Bueno, saquemos a las mujeres de aquí, las llevaremos a la Estación de Tren. No queda lejos. Luego continuaremos con la investigación -dijo Bourbon.
- Algunos ropajes están en la entrada - recordó Brennan.
- ¿Hablando de eso, puedo quedarme la armadura liviana? - preguntó Bourbon, y tres segundos después, cuando nadie había respondido, la guardó entre sus cosas.



Buenisimo Mirkote!!! ahora que nos recordas el contenido de la carta, me pregunto quien carajos es "B". Si despues lo dijiste, se me perdio. De todas formas esta muy bueno. Queremos mas y pronto, jajaja.
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